Kim Dong-in es el padre del cuento moderno coreano y uno de los escritores más talentosos y polémicos de Asia. Activo entre las décadas de 1920 y 1940, escribió en una época marcada por el nacionalismo, la ocupación japonesa y la exigencia de una literatura moralizante. Frente a ello, defendió la autonomía del arte: una escritura centrada en las zonas más oscuras de la experiencia humana.
Sonata infernal reúne sus mejores relatos y abarca el arco completo de su obra. Son textos profundamente psicológicos, a veces descarnados, a veces marcados por el humor ácido propio de su tiempo. Entre ellos se encuentra Papas, que narra la decadencia de una mujer arrastrada a los barrios marginales de la ciudad; Cartas y fotografías, que ironiza sobre la sociedad de las apariencias en la Corea moderna; y Sonata infernal, la inquietante historia de un músico prodigioso que solo logra componer obras maestras después de cometer crímenes.
En su honor se creó en 1955 el Premio Dong-in, que sigue siendo uno de los galardones literarios más prestigiosos de Corea y ha distinguido a algunas de las voces más influyentes de la narrativa coreana contemporánea, como Shin Kyung-sook y Hwang Sok-yong.
Sonata infernal - Kim Dong-in
Kim Dong-in (Pyongyang, 1900 – Seúl 1951) es el padre del cuento moderno coreano y uno de los escritores coreanos más influyentes de la historia.
Durante su juventud estudió en Japón, donde entró en la Academia Meiji y en la Escuela de Bellas Artes Kawabata. Allí conocería el naturalismo y el esteticismo europeos, que cambiarían para siempre su obra y la de Corea. En 1919 cofundó, junto a otros escritores jóvenes revolucionarios, la revista Changjo, punto de partida del modernismo coreano, en la que defendió la independencia del arte en una época que exigía literatura moral, patriótica y edificante.
Brillante y polémico, su vida estuvo marcada por fracasos económicos, adicción a sedantes y una relación ambigua con el imperio japonés que incluyó colaboración, acusaciones de traición por ambos bandos y arresto. Murió enfermo durante la Guerra de Corea. En 1955 se creó en su honor el Premio Dong-in, hoy uno de los más prestigiosos del país.

